martes, 19 de octubre de 2010

Capitulo Uno.

Es una novela contada por un chico de diecisiete años llamado Aaron. Él vivía en la ciudad más poblada del estado de Maryland, Baltimore. Su vida era bastante rutinaria a pesar del montón de oportunidades que solía tener. Vivía en una casa con aspecto de cabaña que daba con el río Patapsco con su hermano mayor, Zac. La muerte de sus padres se reflejaba en su extraño comportamiento en cuanto a la felicidad, y su rechazo al optimismo. Pero las cosas, cambian.

Narra Aaron.
Odiaba historia. No me interesaba saber que mierda hicieron nuestros antepasados o lo que haya pasado con el mundo, odiaba el pasado. Todo el pasado. Dejé mi cuaderno a un lado de la cama y pensé en mis padres. En el pelo largo y liso de mi madre, en la barba de mi padre. Todo se ha ido. Me resigné a algunas lágrimas y luego al darme cuenta que era de madrugada me fui a dormir. Soñé algo raro. No me acuerdo mucho. Ojos azules. Ondas rubias. Agua. Y un sabor a cereza...
La verdad, no me acuerdo de nada. Casi nunca. Me va mal en el colegio y suelo desaprovechar muchas cosas, pero no me importa. No hay nada en mi memoria que quisiera recordar. En fin, me fui al colegio a gastar tiempo de nuevo. Odiaba hacer esto. Sentía que ellos me miraban, y se decepcionaban. Así que puse atención en quimica y matemática. Eran ramos que me gustaban. En los dos me había sentado con Allie, mi mejor amiga. Tenía pelo negro y largo, pero siempre se lo tomaba. Sus ojos eran de infinitos colores tirados a miel y su forma de pensar me encantaba. Nunca había sentido nada por ella, pero siempre quise hacerlo. El considerarla mi hermana creo que detenía a mi corazón a ese tipo de sentimientos. Nunca sentí nada por nadie, bueno, no antes de que las cosas cambiaran. La amaba, sí, a Allie la amaba, y venía a diario a mi casa. Así que después de esa asquerosa rutina venía la rutina divertida. Hacíamos las tareas juntos y después no hacíamos nada, pero juntos.
Ella tenía novio, Frank. Él iba en cuarto año y me odiaba. Quizás por siempre estar en el horario de su novia o tal vez quizás por tener más musculos que él, no lo sé, una de las dos. No me importaba, ella era mi vida. Después de mi hermano ella era la persona más importante de mi vida, y esque nunca había confiado mucho en las otras personas, ella tenía algo especial. Aunque éramos sólo amigos, no podía descartar la opinión de que ese día, se veía hermosa. El traje deportivo del colegio le ajustaba su cuerpo y sus labios se reflejaban con la luz de la ventana de mi pieza. No sé si quise saber a qué sabian. De esos momentos, no me acuerdo mucho. Era viernes así que de noche saldría con su novio, la iba a llevar a su restaurante preferido y estaba emocionada. Yo, por mi lado, no tanto.
-Es un imbécil -le repetía.
-Para de ser tan malo conmigo. A mí me gusta.
La solía ignorar en momentos como ese.
-Además, ¿tiene auto? ¿no que tenía diez años?
Ella ponía los ojos en blanco y lo seguía defendiendo. No me importaba él la verdad, solo lo atacaba para molestarla.
-No. Es de su hermana- me dijo seria.
-Que lata por ella. -dije riéndo.
La seguí molestando tooooooda la tarde. Resulto agradable. Era una de las cosas que me encantaba hacer, bueno la verdad, todavia soy experto. A las nueve sacó de su bolso-cartera algunas cosas y me pidió el baño. Para las nueve y media se veía más bonita de lo común. Quise ser Frank por un instante. Se había dejado el pelo suelto y puesto un vestido rojo corto, la verdad no quisiera decirte lo que pasó por mi mente en ese momento. Nunca le dije lo linda que la encontraba, y no me arrepiento, ya todos se lo han dicho y no creía que le importara la opinión si no era de Frank. Emocionada esperó a las diez y un auto se estacionó fuera de mi casa. Era el estúpido ése. No le había creido pero si venía en auto y con su hermana. Lo encontré ph. (perquin, mamón, nerd, imbecil). Bajé y la dejé en la puerta. No se veía mucho lo que se encontrara en ese auto, solo se reconocía que uno era mujer y otro hombre, así que suponí los que ya les había dicho. No me acuerdo de lo que habría hecho Allie en ese momento, cómo se subió, si lo saludó, si se despidió, si lo besó, que importaba. En el conductor se reflejaban unos dientes perfectos y se veía casi a ciegas una sonrisa.
Creo que ahí fue cuando las cosas cambiaron. Pero recién ahora me vengo dando cuenta.

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